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Agadir
Agadir En el sur de Marruecos, a unos 600 kilómetros de Rabat, se sitúa Agadir, una ciudad bañada por el océano atlántico que, además de poseer unas espectaculares playas, se encuentra a la cabeza de los destinos predilectos por el ecoturismo por las posibilidades que ofrece el Parque Nacional de Souss-Massa a los amantes de la naturaleza, que podrán contemplar aquí los escasos ejemplares que aún se conservan del ibis eremitas.

Al Hoceima-Alhucemas
Al Hoceima-Alhucemas Al Hoceïma (Marruecos), también conocida como Alhucemas (Marruecos), es una ciudad marroquí situada a orillas del mar Mediterráneo que se ha convertido en el destino predilecto de muchos viajeros europeos, que llegan hasta este enclave atraídos por la belleza de sus playas y de su entorno natural. La construcción de destacadas infraestructuras ha contribuido al desarrollo turístico de la que en época del protectorado español se llamó Villa Sanjurjo.

Casablanca
Casablanca Situada a ochenta kilómetros de Rabat, a orillas del océano Atlántico, se encuentra la ciudad más poblada de Marruecos: Casablanca. Capital económica del reino alauita, la urbe se caracteriza por su curiosa mezcolanza de estilos arquitectónicos, que van desde el neo-morisco al art-decó, y por haber sido escenario del desarrollo de emblemáticos proyectos de los que nacieron su hermosa marina o el centro de negocios Twin Center.

Chefchaouen
Chefchaouen En el noroeste de Marruecos, en las estribaciones de las montañas del Rif, se encuentra Chefchauen, una ciudad fundada en el año 1471 y cuya población, originariamente, estuvo compuesta en su mayoría por musulmanes y judíos exiliados de Al-Ándalus. Este hecho histórico explica por qué la parte antigua de la villa, con pequeñas calles de trazado irregular y casas encaladas, se asemeja tanto al aspecto de un pueblo andaluz.

El Jadida
El Jadida En la costa atlántica de Marruecos se encuentra El Jadida, conocida como la ciudad fortificada de Mazagan durante la época en la que estas tierras fueron dominadas por los portugueses, que la ocuparon desde 1502 hasta 1769. Su proximidad a Casablanca, capital económica del país, su patrimonio histórico y la belleza de su entorno natural, en el que destacan sus playas, han hecho de ella un destino indispensable del reino alauita.

Essaouira
Essaouira En la costa occidental atlántica, al norte del cabo Sim, se encuentra Essaouira (Marruecos), también conocida por la antigua denominación de Mogadur, nombre que le asignaron los portugueses, que en 1506 construyeron las fortalezas y el puerto en torno a los que se desarrolló la ciudad. Su medina o centro histórico está declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco y sus productos pesqueros le han brindado una enorme fama.

Fez
Fez Fez es la tercera urbe de Marruecos en número de habitantes y una de las cuatro ciudades imperiales, junto a Marrakech, Meknès y Rabat. Considerada centro religioso y cultural del país, su universidad goza de un enorme prestigio en los campos de estudio del árabe y del Islam, y su medina antigua constituye uno de los conjuntos medievales más impresionantes del mundo. Todo ello la convierten en un destino indispensable.

Marrakech
Marrakech En la mitad sur de Marruecos, a los pies del Atlas, se sitúa Marrakech, una majestuosa ciudad que atesora varios monumentos declarados Patrimonio de la Humanidad y que se erige en el principal destino turístico del país. Fundada en 1062 por los almorávides, esta urbe que fue capital del Imperio Islámico posee el mercado tradicional o ‘suq’ más grande del reino alauita y una de las plazas más concurridas del mundo: Jamaa el Fna.

Meknes
Meknes En el interior de Marruecos, a los pies de las montañas del Atlas Medio, se encuentra Meknès, una ciudad cuyo complejo urbano y arquitectónico, representativo de una capital del Magreb del siglo XVII que armónicamente combina elementos de diseño, ordenación y planificación tanto islámicos como europeos, fue incluido en el catálogo de enclaves declarados Patrimonio de la Humanidad por parte de la Unesco en 1996.

Rabat
Rabat En la costa atlántica, separada de la vecina ciudad de Salé por el río Bou Regreg, se encuentra Rabat, la capital del Reino de Marruecos. Los principales reclamos turísticos de esta urbe, la segunda más grande del país y sólo superada en número de habitantes por Casablanca, se localizan en su fascinante centro histórico, declarado Patrimonio de la Humanidad de la Unesco por las joyas arquitectónicas y monumentales que atesora.

Tanger
Tanger Al norte de Marruecos, en la costa oeste del Estrecho de Gibraltar, se encuentra Tánger, una ciudad bañada por el océano Atlántico que ofrece al viajero la posibilidad de disfrutar de sus playas y descubrir al mismo tiempo, durante su estancia en este destino, ciertos enclaves de gran interés como su Medina, sus mezquitas, sus bulliciosos zocos o sus museos, algunos ubicados en imponentes palacios de marcado carácter islámico.

Temara
Temara Cerca de Rabat se encuentra Temara (Marruecos), una ciudad bañada por el océano Atlántico que se ha perfilado como uno de los destinos de playa con más posibilidades de Marruecos. Su estratégica ubicación ha contribuido al desarrollo turístico de la villa, fundada en el siglo XII por el sultán Abd al-Mumin, quien edificó en este lugar una mezquita. Posteriormente, Muley Ismail convertiría a dicha población en una especie de alcazaba, al construir, casi cinco siglos más tarde, las murallas defensivas que la circundarían.

Marruecos es un país situado en el norte de África, con una amplia franja costera que se asoma al Atlántico y un frente litoral bañado por el Mediterráneo. Separado de Europa por el estrecho de Gibraltar, su territorio limita con Argelia, Mauritania, el océano, el mar y las ciudades autónomas españolas de Ceuta y Melilla. Aunque Casablanca destaca como la urbe más poblada, es Rabat la que ostenta la capitalidad del reino, cuya forma de gobierno se basa en la monarquía constitucional.

 

Su moneda es el dírham marroquí y sus cerca de 32 millones de habitantes hablan árabe o bereber, aunque en algunas zonas también es frecuente el uso de los dialectos tarifit, tamazight y tachelhit, así como del francés y del español, herencia de la época del protectorado.



Administrativamente se distinguen dieciséis regiones y diez vilayatos o wilayas que se dividen en provincias y prefecturas, y éstas, a su vez, en municipios o comunas. Algunas de ellas están enclavadas en las inmediaciones de las cuatro grandes cordilleras con las que cuenta el país: el Rif, el Atlas Medio, el Gran Atlas y el Antiatlas. Al sur de esta última da comienzo el desierto del Sáhara, mientras que entre las dos primeras se encuentra el valle del Sebú, por el que discurre uno de los principales ríos.


Marruecos



Aunque en el reino alauita conviven personas de diferentes creencias, la inmensa mayoría de los marroquíes se reconocen musulmanes suníes, siendo el rey la máxima autoridad religiosa islámica de una nación poblada por distintos grupos multiétnicos que le confieren una singular diversidad social.

 

A la conformación de dicho crisol de culturas ha contribuido el devenir de historia, ya que desde el tiempo de los fenicios y de los romanos, este territorio ha sido un lugar de paso o asentamiento de diferentes pueblos y civilizaciones. Herencia de su pasado, Marruecos posee un ingente patrimonio que se aprecia tanto en los interesantes monumentos que atesora como en las piezas y obras de arte que pueden contemplarse en las galerías y museos locales.

 

Para llegar desde España, se puede tomar el barco o el avión. Las travesías marítimas más cortas son las que enlazan Algeciras, Málaga y Almería con Ceuta, Melilla y Tánger, rutas que son operadas por Transmediterránea, Euro Ferrys y FRS. Otra opción es disfrutar de los cruceros que ofrece la compañía Comanav desde Sète, en Francia, y Génova, en Italia. Los que prefieran el transporte por aire, pueden aterrizar en apenas unas horas en alguno de los quince aeropuertos de los que dispone Marruecos, emplazados en Agadir, Alhucemas, Casablanca, Dakhla, Essaouira, Errachidia, Fez, El Ayún, Marrakech, Nador, Ourzazate, Ujdá, Rabat-Salé, Tetuán y Tánger.

 

Eso sí, antes de emprender el vuelo, el visitante tendrá que comprobar que tiene su pasaporte en regla y recordar que su estancia no puede prolongarse más de 90 días. Además, es recomendable que lleve anotada la dirección de la embajada o del consulado de su país en la región donde pernocte, por si tuviera que acudir a la delegación diplomática ante algún imprevisto o contratiempo.



Una vez en destino, el viajero deberá tener en cuenta algunos otros aspectos. El primero es que el regateo es una práctica común en Marruecos y que los comerciantes cuentan con gran experiencia en este tipo de negociaciones, por lo que en ocasiones es más rentable para el extranjero pagar el precio estipulado. El segundo es que el acceso a las mezquitas está reservado a los musulmanes, por lo que sólo se pueden visitar los exteriores de estos templos o los que ya no están destinados al culto, como las ruinas de Tin Mal o Smara. El tercero es que la realización de vídeos o fotografías a inmuebles privados o a personas sin su consentimiento puede resultar un acto ofensivo, sobre todo en las zonas rurales, por lo que es recomendable pedir permiso antes de usar la cámara.

 

Una época del año ideal para desplazarse a Marruecos es la primavera, cuando en ciudades como Marrakech o Agadir las temperaturas oscilan entre los 23 y 26 grados centígrados, los árboles están en flor y las cumbres de las montañas aún se ven nevadas.

 

En verano, el mercurio puede superar cotas elevadas en gran parte del país, por lo que lo más aconsejable es decantarse por las poblaciones costeras o el Valle de Ifrane, para disfrutar de sus pastos, cascadas y sotobosques. El invierno es la estación idónea para practicar el esquí en el Medio Atlas, mientras que el otoño, con sus noches largas y temperaturas suaves, se presta a las rutas e incursiones turísticas por el territorio alauita.


Marruecos

 

En cuanto al alojamiento, Marruecos dispone de una amplia oferta hotelera en la que se incluyen desde establecimientos de todas las categorías hasta albergues, campings o riads, casas tradicionales o palacios con jardín interior destinados al hospedaje turístico.

 

Tanto en los restaurantes de algunos hoteles como en los bares locales se puede degustar la gastronomía tradicional, en la que destacan platos tan conocidos como el cuscús, la pastela, los briuat, el tajín, la tarta de almendra o los crepes de miel y semillas de sésamo acompañados del té de menta. Todo un deleite para los sentidos.




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